“A trabajar más y rezar menos”, dice famoso clérigo egipcio

El Cairo, 14 de julio de 2008

En una sociedad tan conservadora como la egipcia, que clérigos tan reputados como el Sheij Youssef Al Qaradawy planteen que el rezar en horas de trabajo afecta a la productividad es un paso importante hacia la modernización del país. A diferencia de otros países árabes, Egipto ha sufrido un retroceso religioso en las últimas décadas. Muchas mujeres cubren sus rostros con un velo y los hombres se tatúan un círculo en la frente para mostrar con qué frecuencia han tocado con la cabeza el suelo en el acto de prosternación.

En cada fábrica, empresa y edificio público hay un recinto reservado para rezar. El rezo es uno de los cinco pilares del Islam y es obligatorio hacerlo cinco veces diarias. En su “fatua” Al Qaradawy sugiere a los musulmanes que dediquen sólo 10 minutos a rezar durante la jornada laboral, en lugar del largo ritual de más de media hora que incluye las abluciones (la purificación con agua de manos, codos y pies para prepararse para la oración).  Este famoso Sheij, que tiene un programa en Al Jazeera, recomienda que para ahorrar tiempo, los fieles se laven en sus casas antes de ir al trabajo o lleven los calcetines mojados para no tener que limpiarse los pies, y evitar las largas colas que se forman en la entrada de los baños a la hora de rezar.

Los clérigos de la Universidad de Al Azhar -la máxima institución religiosa de Egipto-,  que rara vez se ponen de acuerdo, han apoyado las recomendaciones de Al Qaradawy. “Él tiene razón. La oración no es excusa para perder tiempo en el trabajo”, dijo a LA RAZÓN Abdel Hamid, profesor de estudios islámicos de Al Azhar. “Diez minutos es suficiente para rezar”, aseveró.

En el Cairo hay más de seis millones de egipcios que son funcionarios de la administración pública. En pleno centro de la capital egipcia se encuentra la “Mugamma”, un edificio de 13 plantas que aglutina 65 servios públicos diferentes y en el que trabajan más de 18.000 empleados. Cada día pasan por allí alrededor de treinta mil personas en busca de un permiso de trabajo, la extensión del visado de turista o cualquier otra gestión, lo que genera largas colas en las ventanillas de las oficinas y pone a prueba la paciencia del ciudadano.

La conciliación del trabajo con las obligaciones religiosas no es la única dificultad que aborda el complicado debate entre modernidad y fe en el país del Nilo. El Parlamento egipcio acaba de aprobar una ley  que prohíbe la mutilación genital femenina, a menos que sea un caso de necesidad médica,  y su práctica ilegal estará castigada con penas de entre tres meses y dos años de prisión y multas que irán de los 120 a los 600 euros.

La ablación es una de las costumbres más antiguas del país y, según un informe de UNICEF,  tres de cada cuatro jóvenes de entre 15 y 17 años han sido circuncidadas.

La reforma de la Ley del Menor ha estado paralizada durante más de un año por los diputados de los Hermanos Musulmanes, que consideran que prohibir la mutilación femenina va en contra de la “Sharia” o Ley Islámica.

Sin embargo, las autoridades religiosas de Al Azhar aseguran que “si la medicina dice que la ablación hace daño, hay que prohibirla”.

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